Nightwish es el gigante dormido del metal sinfónico: tras lanzar Yesterwynde —el álbum más orquestado y complejo de su carrera—, la banda decidió hacer una pausa y tomarse un descanso de la dura vida del rock’n’roll. Mientras tanto, varios de sus integrantes, tanto actuales como antiguos, están de gira por separado, manteniendo vivos los grandes éxitos del grupo. Su XXX aniversario me inspiró a repasar la trayectoria de la banda y a hacer un ranking de sus canciones más representativas.
19. The Greatest Show on Earth:
Con 24 minutos de duración, «The Greatest Show on Earth» es la pieza más ambiciosa que ha compuesto Nightwish. Esta gloriosa sinfonía metalera representa la fascinación de la banda por los millones de años de evolución de la vida en la Tierra, y lo hace a través de extensos pasajes atmosféricos, sonidos de la naturaleza e incluso una declamación del famoso biólogo evolutivo Richard Dawkins.
La pieza está dividida en varios movimientos que crecen gradualmente, pasando de una quietud dramática a una vertiginosa sinfonía que evoca algunos de los sonidos musicales más representativos de la humanidad, desde Bach hasta Metallica. Todo culmina en una maravillosa celebración de la existencia humana, con la emotiva línea «We were here».
Para mi gusto, es una pieza que tarda demasiado en arrancar y cuya conclusión se extiende más de la cuenta. Sin embargo, su desarrollo es apoteósico. No creo que sea la obra maestra de Nightwish, pero sí considero que es su composición más monumental.
18. How's the Heart?:
«How's the Heart?» es una festiva pieza de metal folk que nos invita a bailar y a bajar la guardia. Al mismo tiempo, encierra un cuestionamiento menos evidente, pero más profundo: ¿cuándo fue la última vez que le dijimos «¿Cómo estás?» a nuestros seres queridos con la intención genuina de conocer la respuesta?
Con los años, las letras de Tuomas Holopainen se han vuelto más cultas y rebuscadas. Sin embargo, las palabras cálidas y sinceras de esta canción lograron aligerar un poco el encierro de una pandemia que parecía interminable.
17. Come Cover Me:
Paul McCartney escribió que nunca tendremos suficientes canciones de amor. «Come Cover Me» es una canción romántica que aborda, con una elegancia deliciosa, el deseo de intimidad. No es una balada, sino una pieza rítmica que construye la atmósfera de dos amantes a punto de encontrarse.
En la versión original, la voz de la soprano Tarja Turunen resulta sofisticada y seductora. Sin embargo, la interpretación que más disfruto es la del álbum en vivo Decades. Tiene unas armonías vocales preciosas.
16. Sacrament of Wilderness:
La devoción por la naturaleza es uno de los temas recurrentes en la música de Nightwish, y esta explosiva rolita de power metal es su manifiesto.
Una melodía de teclado con un efecto espectral crea la atmósfera mística de los densos y oscuros bosques de Finlandia. Mientras tanto, la maravillosa voz de Tarja Turunen guía el recorrido sobre un vertiginoso sendero impulsado por un doble bombo que nunca pierde velocidad.
Por si fuera poco, «Sacrament of Wilderness» es una de las canciones en las que más brillan los músicos de la banda. El guitarrista Emppu Vuorinen adereza la pieza con punteos neoclásicos, palancazos y armónicos, para culminar en uno de los duelos de guitarra y teclado más irreverentes de toda la carrera de Nightwish.
15. Wishmaster:
Esta canción no puede faltar en ningún conteo respetable de canciones de Nightwish. No solo sentó las bases de la fórmula que el grupo perfeccionaría en clásicos como «End of All Hope» o «Planet Hell», sino que también se convirtió en uno de los himnos más emblemáticos de la banda finlandesa.
«Wishmaster» es el homenaje del teclista Tuomas Holopainen a la literatura fantástica: un viaje a toda velocidad por un mundo de hechiceros, guerreros, orcos y demás mafufadas que tanto les gustan a los nerds. No son temas que me atraigan especialmente, pero la mística voz operística de Tarja Turunen me vende por completo esa fantasía.
Además, la canción presume un riff de guitarra espectacular y unos pasajes instrumentales impresionantes. Una vez más, la combinación de guitarra y teclado desata un poder tan descomunal que bien podría impedirle el paso a cualquier Balrog que se atreviera a escapar de las minas de Moria.
14. Over the Hills and Far Away:
13. Storytime:
La infancia es un motivo que aparece recurrentemente en las letras de Nightwish. «Storytime» es una invitación a volver a sentir la emoción de un niño al escuchar un cuento. Es una canción que suena como si a uno lo levantaran a la mitad de la noche y se lo llevaran a toda velocidad a vivir una aventura.
En cuanto a la música, destaca la melodía del coro, que se queda pegada desde la primera vez que suena. Es una pieza cortita y tiene el balance perfecto entre orquesta y banda. A la mitad hay una pausa en la que canta un coro de niños que suena muy bonito. Definitivamente, es una de las piezas más memorables de la etapa de Anette Olzon como vocalista.
12. Sleeping Sun:
Es una baladita sin muchas pretensiones. Es de las pocas canciones de Nightwish sin orquestaciones exuberantes ni arreglos intrincados. «Sleeping Sun» nos invita a pensar en esa persona cuya compañía nos da tanta paz como un atardecer.
11. Beauty and the Beast:
10. She is my Sin:
Aunque se ha visto opacado por los discos más ambiciosos de la banda, el estilo clásico de Nightwish se consolidó en Wishmaster. La voz operística sobre una inquieta batería de doble bombo, los contundentes riffs melódicos de guitarra y el teclado protagónico son el sello de la casa. No hay canción que lo ilustre mejor que «She is my Sin»: un tema que habla del deseo y las más bajas pasiones con una elegancia lujuriosa.
9. Élan:
Esta preciosidad de canción fue el primer sencillo que grabó Floor Jansen con Nightwish. Invita a disfrutar las maravillas que ofrece estar vivo. Es sencillita, festiva y muy folk, pero puede quedarse a vivir en la mente durante varias semanas.
El protagonista de esta rolita es el gaitero Troy Donockley, quien se incorporó al grupo después de varias colaboraciones como músico invitado. Con sus arreglos de flauta, gaita irlandesa y unos magníficos coros, demuestra todo lo que es capaz de aportarle al sonido de Nightwish.
8. Wish I Had an Angel:
Las canciones de Nightwish tienden a ser románticas y refinadas, pero «Wish I Had an Angel» es pura lujuria y perreo sucio hasta el piso. El ritmo antrero, casi bailable, el riff de guitarra macizo, y los elementos electrónicos crean una atmósfera que evoca pasión, malicia y libertinaje.
Tarja Turunen y Marko Hietala aprovechan su química vocal para convertir la canción en un atrevido juego entre la inocencia y la perversidad.
Un brutal riff de guitarra introduce una de las piezas más agresivas de Nightwish. «Slaying the Dreamer» es un grito de frustración ante la presencia de las personas que abusan de la inocencia y la confianza de sus semejantes. También es la llamada de auxilio de una persona que se siente abrumada por las dificultades de lidiar con los demás.
Es, posiblemente, la canción más rockera del grupo finlandés y en la que más lucen las seis cuerdas del rubio Emppu Vuorinen.
6. The Islander:
«The Islander» es un canto marinero con guitarra acústica que habla de una persona que ya vivió lo suficiente y se deja tragar por el mar. Es única en la discografía de Nightwish por ser simple y directa. Además, a partir del segundo verso, el dulce timbre de Anette Olzon matiza la curtida voz de Hietala con unas armonías espectaculares.
Durante la primera etapa de Nightwish, la soprano Tarja Turunen fue la cara de la banda y la música estaba hecha para lucir su voz. El mejor ejemplo es esta pieza rítmica y romántica, donde la melodía vocal es el hilo conductor. La sencillez de la canción y la sinergia entre los integrantes del grupo la convierten en una pieza perfecta, en la que, además, el público puede aportar su voz durante las interpretaciones en vivo.
4. I Want my Tears Back:
Todos estos sentimientos caben en una rolita que provoca ganas de cantar, bailar y brincar. El pegadizo estribillo, junto con los alegres duelos de guitarra y gaita, logran que, al terminar el tema, uno tenga una sonrisa de oreja a oreja. Pienso que hace falta tener cierta edad para apreciar realmente el embriagante optimismo de esta pieza y sentir la urgencia de reclamar las lágrimas del pasado.
3. Nemo:
1. Ever Dream:
Me costó mucho trabajo elegir las 20 canciones que, para mí, representan mejor la carrera de Nightwish. Sin embargo, siempre tuve claro cuál ocuparía el primer puesto. «Ever Dream» condensa la magia de un grupo de rock con voz operística femenina y arreglos orquestales.
Nightwish tiene muchas canciones más complejas, barrocas y pesadas, pero la simplicidad y la contención de «Ever Dream» son parte de su encanto. En menos de cinco minutos, logra levantar el espíritu con una letra esperanzadora y romántica que quizá no sea la más profunda del mundo, pero que resuena de inmediato con quienes alguna vez hayan anhelado una conexión emocional.
Todo en esta pieza está en su lugar: el piano, la orquesta, el estribillo rematado por un grito melancólico del vocalista y un gran solo de guitarra. Es una canción perfecta.
*Usé chatgpt para corregir estilo y gramática. Sin embargo, todas son ideas propias y las palabras son 100% mías. Considero importante declararlo. No me juzguen, hay que aprovechar la tecnología.

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