Malicia: la verdadera historia de la bruja de Mago de Oz

Mago de Oz firmó un nuevo pacto con el Diablo al estrenar Malicia: La noche de las brujas en pleno Halloween. En esta ocasión, el conjunto de metal celta narra en 15 canciones la trágica historia de la bruja que lleva años siendo la “mascota” de la banda.

Tuvieron que pasar varias giras, algunos cambios de integrantes y un mal álbum para que la más reciente alineación que ostenta la marca Mago de Oz quedara bien amarrada. Lo que parecía un conjunto de músicos contratados para mantener el negocio en pie desarrolló su propia química, y ahora presenta más de una hora y cuarto de música nueva.

Malicia es un álbum conceptual. Narra, a través de canciones, cómo una adolescente vinculada a un antiguo linaje de brujas encuentra su vocación musical en medio de varias tragedias. 

Aunque tiene alguna que otra nota alegre, Malicia es disco profundamente oscuro y pesimista. La música proyecta mucha furia, y las letras tocan temas duros como la fe, la pérdida, la maldad, la depresión y la lucha constante para sobrellevar una vida injusta. Incluso las canciones con tintes luminosos conservan un sabor fatalista. 

Esta vez, el letrista y baterista, Txus Di Fellatio, se esforzó bastante para no escribir las mismas letras de siempre. Casi lo consigue, pero hay un puñado de canciones, como "Quiero ser libre" o "La noche celta" que regresan a los clichés de siempre y dan un poco de pena ajena.

En cuanto a la música, los seguidores que se quejan de que los discos más recientes de Mago están plagados de lugares comunes e ideas recicladas se llevarán una grata sorpresa. Malicia conserva todas las marcas de la casa, pero parece que la sangre nueva ya llegó al corazón de la banda y dio vida a un álbum fresco e innovador.

El primer cambio notorio es que Malicia suena bien. Parece que los estudios Cube ya se actualizaron o que Warner protestó, porque al fin se sienten los bajos y los bombos en un disco de Mago de Oz. Además, las capas de sonido suenan nítidas, no como los empastes de guitarras de Ilussia e Ira Dei.

En general, Mago de Oz cuidó mucho el equilibrio entre las partes melódicas y la tralla metalera. Las rolas tienen estructuras sólidas y bien marcadas: cualquiera podría ser un buen sencillo. Aun así, el grupo se permitió un álbum bastante indulgente en cuanto a solos de guitarra, teclado y secciones instrumentales. Todos los integrantes tienen sus oportunidades para brillar en los laberínticos pasajes que visten cada canción.

Mago de Oz sumó al legendario guitarrista Ix Valieri a un bloque de guitarras que ya era de ensueño. Víctor de Andrés y Jorge Salán son guitarristas enormes, pero ambos tienen un estilo melódico, por lo que Valieri resulta el complemento perfecto para vestir tanta musicalidad con armónicos y riffs percusivos.

La parte celta —violín y flauta— tiene arreglos más originales que en los últimos trabajos de la banda, en gran medida porque el principal compositor de este álbum fue el recién integrado flautista Diego Palacio. Tiene crédito en cada una de las canciones y en los corazones de los fans por sacar a la banda de repetir mil veces las mismas tonadas.

Rafa Blas ya está bien establecido como vocalista principal. Tiene una técnica impecable, y canta lo que le pongan con sentimiento y virtuosismo. Se mueve mejor en los registros agudos, pero su amplio rango le permite lucirse en cada grito y cada susurro.

Rafa merece todo nuestro aprecio y respeto, pero Malicia es el disco de Xana Lavey. ¿Quién iba a decir que la chavita que hacía covers de Mago de Oz con su guitarra acústica en YouTube terminaría convirtiéndose en una parte tan importante del grupo? Como corista aporta muchísimo, pero se luce con sentimiento y carisma en cada una de sus intervenciones, incluyendo las tres canciones en las que funge como voz principal (“Mi cuerpo y yo nos dejamos de hablar”, “Halloween” y “Siempre juntos”). ¡Mis respetos!

Una vez tocados los generales de Malicia: La noche de las brujas, vale la pena entrar en las particularidades de cada una de sus 15 pistas. Cada una tiene tela de dónde cortar, así que las comentaré una por una.

1. Zugarramurdi:

Una tenebrosa melodía de piano y un coro de viejas meigas ilustran la lúgubre atmósfera de una reunión de brujas alrededor de un caldero. Es una introducción que sumerge a la audiencia en la atmósfera oscura y mística de Malicia

2. Malicia:

Entramos en terreno familiar. La primera canción en la que escuchamos a la banda completa es una épica de más de nueve minutos, en la que el doble bombo va a toda velocidad y cada una de las secciones de la orquesta va haciéndose presente: primero las guitarras, luego el teclado, la sección celta y, así sucesivamente, hasta llegar a la voz, que describe el ambiente de las brujas del País Vasco y el rechazo a la religión que pretende incinerarlas.

Esta pieza incluye solos de todos los instrumentos y varios movimientos: una sección atmosférica y mística al estilo de “Satania”; una parte celta, elevada por la voz de Xana; e incluso un pasaje de groove metal, a la Pantera. Sin embargo, todo termina por resolverse en el estilo melódico y vertiginoso del power metal. Es una clara demostración del virtuosismo que exhibe esta alineación de Mago.

En mi opinión, la canción que da nombre al disco es un tanto larga y sus distintos movimientos están ensamblados con calzador, pero sin duda resultará magnífica para abrir conciertos.

3. Ríos de lágrimas:

En octubre de 2024, el fenómeno meteorológico de la DANA fue devastador para Valencia, España. “Ríos de lágrimas” refleja el dolor de las personas afectadas y habla de la desolación y la impotencia ante un golpe de la naturaleza.

Todo el disco de Malicia está impregnado del talento de Francesco Antonelli en los teclados, pero en “Ríos de lágrimas” su instrumento funge como hilo conductor, desde la melodía principal hasta su virtuoso solo.

A mitad de la canción hay un guiño a Gaia, la trilogía de Mago de Oz que aborda la furia de la Madre Tierra. El recurso se siente un poco forzado, pero transforma el motivo musical de Gaia en un pasaje de groove metal guitarrero muy chulo, así que no hay queja.

Este mid-tempo pudo haber sido un gran sencillo. Su estribillo y sus versos son tan poderosos como conmovedores, y ambos cantantes dejan el alma en cada palabra. Es uno de los momentos más memorables del disco.

4. No me dejes solo:

“No me dejes solo” es otro rolón que podría ser un magnífico sencillo. Como decía Paul McCartney, todavía no existen suficientes canciones de amor en nuestro planeta, y este temazo goticón lo confirma. Su estribillo es de los más coreables de todo Malicia.

En esta canción participan tres guitarristas, y se nota. Además, cuenta con un puente de metal neoclásico que rompe la estructura típica de la canción de rock y les permite lucirse.

5. El último rezo:

Los reclamos hacia un Dios que podría o no existir son un tema recurrente en la discografía de Mago de Oz. Este es el pretexto perfecto para una canción que corre a toda velocidad entre pasajes de guitarra, teclado, violín y flauta. Es power metal puro y duro.

El trabajo de los cantantes Rafa Blas y Xana Lavey es brillante. Los gritos que lanza Rafa en esta pieza dan escalofríos, y los versos que interpreta Xana no se quedan atrás.

6. Quiero ser libre:

Esta rolita tiene un sabor más celta y rockero que los temas anteriores, por lo que se orienta más al violín y la flauta.

Los versos describen con empatía el peso de la depresión en una persona, pero después todo resuelve en un estribillo blandengue que arruina la canción. La construcción del tema va bien y se desploma con el mensaje de superación personal reciclado de siempre.  

7. Mi cuerpo y yo nos dejamos de hablar:

Esta canción tiene un tono pop rock que pide a gritos convertirse en un éxito, pero su letra es de lo más brutal y devastador que ha salido de la pluma de Mago de Oz. La furia está a flor de piel, y solo alguien como Xana Lavey puede cantarla. Además, por si no hubiera suficiente guitarra, incluye un tremendo solo del virtuoso Manu Seoane.

Hay poco que decir: tiene un estribillo espectacular, pero me deja mudo.

8. La noche celta:

“La noche celta” hace un guiño a la formulita de Mago de Oz, con su introducción celta y su coro pegajoso. Sin embargo, cuesta engancharse con esta canción: tiene demasiados cambios de ritmo, su letra es otro de esos mensajes gastados de superación personal y sus distintas partes no parecen encajar entre sí. Además, incluye una especie de puente con un coro cantando “el planeta tienes que cuidar”, que suena moralista y ñoño.

9. Mil ojos tiene la noche:

Para deleite de muchos fans, en Malicia Mago de Oz le dio mucho amor al bajo: suena grande y robusto. “Mil ojos tiene la noche”, compuesta por el bajista Fernando Mainer, comienza con una sabrosa línea funky y, al poco tiempo, se convierte en una pieza instrumental épica. Aquí cada integrante tiene su momento de brillar, tanto en las secciones más celtas como en las más ambientales. Es todo un viaje.

10. El vals de las almas rotas:

Cuando salió este sencillo me desilusioné un poco, porque pensé que Mago compondría un vals de verdad, en lugar de solo incluirlo en el título porque sonaba bien. “El vals de las almas rotas” es lo que sucedería si alguien le pidiera a ChatGPT que hiciera un sencillo de Mago de Oz. La letra cuenta una historia de melancolía y lucha interna, pero por lo demás sigue la fórmula al pie de la letra: melodía celta, coro pegajoso, solos, puente innecesario y repetición del coro.

11. La ruta de los sordos:

Mago de Oz regresa a sus orígenes con un blues adornado con violín y buen rollo. Además, da la bienvenida a su primer vocalista, Juanma Lobón, quien regresa de forma triunfal con una letra sencilla, pero efectiva, sobre el rechazo de las disqueras hacia el rock.

Es una de esas rolitas que se disfrutan porque se siente que los músicos se están divirtiendo al interpretarla. Tiene algunos cambios de ritmo que descolocan, pero sus solos son de muy buen gusto. El piano de burdel del Viejo Oeste, seguido del saxofón y el solo bluesero de Jorge Salán, encajan a la perfección.

12. Halloween - almas sin luz:

Teclados bombásticos, un ritmo macizo y la dulce voz de Xana nos envuelven en la atmósfera de la Noche de Brujas.

Es una especie de homenaje de Mago de Oz a Nightwish. Los versos aterciopelados y elegantes desembocan en un estribillo melodioso que remite a la época de las guitarras blancas del conjunto finlandés. Incluso, uno de los puentes instrumentales retoma un motivo de “Wishmaster” para terminar de redondear la canción.

13. Los fantasmas de la fe:

Ix Valieri entró con mucho ímpetu a Mago de Oz. Además de reforzar el sonido de la banda, compuso este tema que desafía a la fe religiosa.

La canción tiene cierto aire al metal moderno de Sôber o a los salmos satánicos de Ghost. Es fácil de escuchar y se pasa como agua; por lo mismo, termina diluyéndose dentro del disco. Además, al ser la pista 13, llega cuando la audiencia ya está un poco cansada.

14. La tierra de Nunca Jamás:

Malicia tiene canciones más originales e innovadoras; sin embargo, “La tierra de Nunca Jamás” es la que mejor refleja el estado actual de Mago de Oz. Es la carta de alguien enamorado que sobrevive a la pérdida de una persona que se quita la vida. La letra articula, al mismo tiempo, un reclamo y una despedida empática.

Es una canción melancólica y bastante contenida, con un coro pegajoso y melódico que roza lo cursi, pero que, en términos generales, funciona.

15. Siempre juntos:

Malicia es uno de esos discos a los que se les acaba la pila en las últimas canciones. “Siempre juntos” es una baladita innecesaria de piano y voz que recicla la melodía de “Malicia”. Es un cierre soso y cursi para un álbum que tiene muchas canciones muy superiores. Lo único que destaca es el sentido grito final de Rafa Blas.

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